El arte de la distracción

La mayor parte de las horas que estamos despiertos, se consumen atendiendo asuntos que no tienen un impacto positivo en nuestras vidas. Los estímulos del exterior invaden la mente y secuestran la atención que pertenece a las cosas realmente importantes y trascendentales en nuestra vida.

Parece que estamos en medio de un estadio en el cual todos gritan y reclaman de nosotros atención personalizada, incluyendo tiempo de calidad para ellos, a costa de tiempo de calidad que perdemos nosotros.

Entonces se nos viene encima la manipulación mediática, que ha convertido los noticieros en plataformas de propaganda barata, robando un gran segmento de nuestra atención hacia ideales y eventos sobre los cuales no tenemos control alguno.

La mente se mantiene disipada y alejada de las cosas importantes para que reine la trivialidad. Entonces, al final del día, pasamos balance de las cosas útiles que pudimos haber hecho y no hicimos por no establecer prioridades. Regalamos nuestro tiempo y, en vez de nutrir la mente con mejores ideas para cumplir nuestro propósito, la llenamos de información basura que solo sirve para intoxicar nuestros pensamientos.

Casi todos los estímulos que vienen de afuera son tan huecos y vacíos que rara vez aportan algo valioso para nuestro crecimiento personal. Todo eso está diseñado para estropear tu progreso y adelantar causas que, si las examinas a nivel consciente, no aportan nada que te beneficie personalmente.

Si te sientes cómodo teniendo a otros que deciden lo que debes pensar, cómo debes actuar, a quienes apoyar y a quienes aborrecer, sigue consumiendo sus elevadas opiniones y asesinando las neuronas que todavía tienen un soplo de vida.

- Basilio Guzmán

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