La industrialización de la mentira

Todo comienza con la producción industrial de noticias falsas que las personas consumen y, luego que la abrazan como la verdad última, las amplifican compartndolas para que todo el mundo se beneficie de lo que ellos consideran que es instructivo.

Así ocurre la amplificación (viralización) de esa información falsa que atraviesa el ciberespacio en segundos y aparece disponible para las personas que están navegando, sin tener el control de lo que aparece en su dispositivo. 

Esa es la forma en que se entrena el algoritmo para que divulgue esa información que parece atractiva para muchos usuarios. Eso obvio que, al consumirla, el algoritmo entiende que ese contenido es apreciado por el usuario y, cada vez que se conecta a la misma red social o canal de noticias, va a recibir tipos similares de información.

A partir de este punto, esa persona no tiene control de lo que se le ofrece. La red social existe para mantener a las personas entretenidas, o sea, para que no piensen por sí mismas y para que consuman ese contenido de manera irreflexiva, sin aplicar discernimiento y crítica. 

Si no saben discernir entre lo cierto y lo falso, consumen el contenido crudo y si ese contenido se alinea con sus valores personales, lo dan por bueno. Por supuesto, lo comparten para que otros que piensan de la misma forma, se beneficien de la nueva información. 

Este fenómeno no es accidental ni casual. Está diseñado de esa manera para explotar lo que el ser humano lleva por dentro, los instintos más primitivos que tenemos: el miedo y el deseo de encajar, lo que nos impulsa a tratar de formar parte de algo superior a nosotros mismos y buscar la identidad en una causa noble diseñada por alguien más.

Este tipo de contenido e información desencadena en el cerebro humano flujos de dopamina, lo que mantiene a las personas en la adicción y no pueden controlar su impulso de seguir consumiendo este contenido de manera irreflexiva.

Si analizas las noticias, los blogs y los videos que se publican, te darás cuenta de que muchos están basados en el temor, en predecir o anunciar catástrofes que, en la mayoría de los casos, nunca ocurren.

Otro aspecto que explotan es el odio visceral hacia instituciones, personas, países, grupos humanos diferentes y también, ¿por qué no? a las personas que piensan distinto y están completamente equivocados”, según nuestro elevado criterio de la verdad. 

Las personas que se respetan a sí mismas deben alejarse de ese tipo de conducta que los mantiene cautivos consumiendo información que, muchas veces está mal intencionada, precisamente para mantenerlos entretenidos, evitando ocuparse de las cosas que en realidad son importantes: aquellas de las que pueden tener control.

Sin embargo, invierten toda su energía en sentirse furiosos y airados (“indignados”, según el discurso) por cosas que, aunque le dediquen mucho esfuerzo mental, no pueden cambiar.

Lo más penoso de este análisis es lo siguiente: las personas no están obligadas a estar sujetas a eso. Claro, están obligadas porque han desarrollado una adicción y su voluntad no cuenta. Además, ni siquiera ven que están pagando dinero y valioso tiempo en consumir contenido e información sobre cosas que no le traen ningún bienestar y ningún beneficio. Además, centran tanta atención y energía en esas cosas, que su vida gira alrededor de lo que consumen y que los está consumiendo a la vez.

-- Basilio Guzmán

Comentarios