La juventud es una etapa de
pasión y grandes ideales. La forma en que concebimos el éxito, el riesgo y el
trabajo en esos primeros años moldea, de forma inevitable, el atardecer de
nuestra vida.
Imagen generada por Inteligencia Artificial
Por un lado, quienes cultivan el ideal del aprendizaje continuo, el
altruismo o la moderación suelen cosechar en la vejez una etapa llena de
serenidad, propósito y sólidas redes afectivas. Sin embargo, no todos los
ideales juveniles ofrecen un refugio seguro.
El ideal de «vivir solo el presente», el desprecio por la estabilidad
financiera en nombre del desapego o el romanticismo por causas poco realistas
pueden pasar una factura devastadora. Al envejecer, la capacidad de generar
ingresos disminuye y la salud se vuelve frágil. Aquellos que desatendieron la
previsión económica por seguir ciegamente el impulso juvenil corren el riesgo
de llegar a sus postreros años en la absoluta indigencia.
La pasión de la juventud da sabor a la vida, pero sin una dosis de prudencia
y visión a largo plazo, los ideales más nobles pueden convertirse en la causa
de una vejez vulnerable y desprotegida.
-
Basilio Guzmán
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