Muchos entran en el ciclo de la decadencia
sin esfuerzo, por pura inercia. El sistema de toma de decisiones perdió la garantía
de fábrica hace tiempo, ya sea por que expiró o porque violaron los términos
del Fabricante.
El tiempo pasa y continúan volando en
piloto automático. Las decisiones de cómo viven su propia vida ya fueron
tomadas por alguien más y no se dan cuenta hasta que entran en la “espiral de
la muerte”, cuando ya es demasiado tarde para cambiar el rumbo.
Así de simple como parece, las pequeñas
decisiones se amontonan sin haber sido tomadas en serio. Dejadez, apatía… total
falta de gestión personal, pero hiperactivos en cuanta causa “noble” surge aquí
o allá, tratando de cambiar el mundo, pero ni siquiera arreglan su cama.
Su visión de un mundo quebrado que está en
espera de un “súper héroe” imaginario, requiere de mucho compromiso y acción.
(Entiéndase: hablar hasta la saciedad de problemas que no tienen solución,
mientras los que sí las tienen, pasan años y décadas en completo abandono).
La casa, el barrio, la ciudad, el país, el
mundo observa cómo se acumula la basura que producimos, cómo (casi) todos
esperan que “alguien” la recoja. El hollín, el moho, la mala hierba crecen sin
control, porque “nadie” asume la responsabilidad de mantener la limpieza cuando
todavía es fácil. No. Es más fácil mirar hacia otro lado y repartir culpas.
Muchos están muertos, pero todavía no lo
saben. Están vivos, pero no están viviendo.

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