Decadencia

Algunos mueren repentinamente; otros van muriendo lentamente otro tipo de muerte: la de los sueños perdidos. No es el tipo de sueño nocturno que la mayoría tiene a diario, sino el de las ilusiones.

Muchos entran en el ciclo de la decadencia sin esfuerzo, por pura inercia. El sistema de toma de decisiones perdió la garantía de fábrica hace tiempo, ya sea por que expiró o porque violaron los términos del Fabricante.

El tiempo pasa y continúan volando en piloto automático. Las decisiones de cómo viven su propia vida ya fueron tomadas por alguien más y no se dan cuenta hasta que entran en la “espiral de la muerte”, cuando ya es demasiado tarde para cambiar el rumbo.

Así de simple como parece, las pequeñas decisiones se amontonan sin haber sido tomadas en serio. Dejadez, apatía… total falta de gestión personal, pero hiperactivos en cuanta causa “noble” surge aquí o allá, tratando de cambiar el mundo, pero ni siquiera arreglan su cama.

Su visión de un mundo quebrado que está en espera de un “súper héroe” imaginario, requiere de mucho compromiso y acción. (Entiéndase: hablar hasta la saciedad de problemas que no tienen solución, mientras los que sí las tienen, pasan años y décadas en completo abandono).

La casa, el barrio, la ciudad, el país, el mundo observa cómo se acumula la basura que producimos, cómo (casi) todos esperan que “alguien” la recoja. El hollín, el moho, la mala hierba crecen sin control, porque “nadie” asume la responsabilidad de mantener la limpieza cuando todavía es fácil. No. Es más fácil mirar hacia otro lado y repartir culpas.

Muchos están muertos, pero todavía no lo saben. Están vivos, pero no están viviendo.

-- Basilio Guzmán


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